Lo normal sería que les hablase de la salud un 22 de diciembre, después de comprobar (otra vez) que no me ha tocado la lotería. Hoy me ha dado por hablar de la salud, hoy, un día cualquiera porque cualquier día es bueno para valorar lo más importante que tenemos. Siempre se dice que no nos damos cuenta de lo importante que es la salud hasta que no la perdemos y suele ser verdad.
Una cree que siempre va a ser joven, que nunca va a tener colesterol alto, o artrosis o simplemente que no se va a dar un mal golpe y partir un brazo o una pierna, o que nunca va a padecer una enfermedad grave, o que de repente no se va a desatar una catástrofe de un tamaño inimaginable y que amenace la salud de todos nosotros: una pandemia. Pero ocurre, desde las situaciones más pequeñas hasta las más trágicas para nuestra salud.
Me descubro más que nunca despidiéndome cuando hablo con mi gente diciendo: «cuídate», como si fuera una palabra mágica que protegiera la salud de todos a los que quiero.
Pero miro a mi alrededor, con la que está cayendo, y con todas las «instrucciones» que ya sabemos que hay que seguir para «intentar» evitar el Covid y que tanta gente no sigue, que me asombro. Me da por pensar, un día como hoy, que muchísima gente no valora su salud ni la de los demás. No quiero acusar a nadie concreto, ni a ningún colectivo porque los hay de todas las edades. Son gente que piensa que no, que ellos no van a enfermar o no van a contagiar a nadie. Todo esto es una gran locura.
Háganme un favor: cuídense.
