Tengo la suerte de haber cambiado una ciudad del interior por una de la costa hace veinte años. Todavía considero un enorme privilegio poder ver el mar cada día y, en días como hoy, haber pisado descalza la arena, haberme mojado los pies en el agua helada del Mediterráneo (sí, sí, está helada) y tal vez esta tarde, si quisiera, podría ir a mojarme los pies, a pocos metros más al Atlántico, que, curiosamente no está tan frío.
Vivo en Tarifa, famosa por su viento de levante y no tanto por su otro viento, también frecuente, de poniente. Visitada por muchos jóvenes que vienen a hacer deportes relacionados precisamente con el viento: surf, kitesurf, windsurf, padelsur, etc… Para ellos es el paraíso, pero para los que vivimos aquí, el paraíso es cuando en días como hoy sopla una pequeña brisa de levante (que no permite hacer deporte) pero sí estar en la playa, pasear por su enorme orilla y disfrutar del sonido del mar.
Si en los años noventa me hubieran dicho que un día podría vivir días como el de hoy, sentada en la arena, viendo pasar buques con contenedores por el Estrecho habría pensado que era una locura, un paraíso, un sueño… pero aquí estoy.
La vida, que da muchas vueltas. Te quita pero también te da pequeñas y grandes cosas y hay que estar agradecida. Lo estoy.

Si que es mucha suerte Adela, aprovechala
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