Olivia y Anna

Con el corazón encogido por el dolor, la rabia, la indignación y hasta la sorpresa hemos recibido la noticia del hallazgo del cadáver de una niña de seis años, Olivia, asesinada a manos de su propio padre, en venganza contra su madre. Estamos esperando que aparezca tambiém su hemana Anna, un bebé de un año, que ha corrido la misma suerte.

El escalofriante cartel distribuído por la familia con la foto de Tomás Gimeno, el padre de las niñas, para intentar hallar a las desaparecidas hace semanas, muestra a un joven sonriente, bien parecido, con barba, abrazado a una de sus hijas.

Imagino a la niña Olivia, a la ingenua Olivia, engañada por su padre, haciendo todo lo que él le decía momentos antes de su muerte. Era su padre y se fiaba de él, claro. Muerta a manos de él. ¿Existe mayor crueldad? ¿Y esa bebé, Anna, sin ningún uso de razón, dejándose hacer, dejándose también matar? ¿Cómo pudo tener la cobardía de matar a sus propias hijas sólo por venganza? También sus hijas eran de su propiedad, como su pareja: esa madre ahora desconsolada que llora la pérdida de sus pequeñas, a las que ya no volverá a ver.

¿Qué clase de sociedad tiene a estos asesinos mezclados entre nosotros? Asesinos que sienten que «sus» mujeres o son felices con ellos, fieles a ellos, están para siempre con ellos…o no dejarán que vivan en paz, que vean crecer a sus hijos en paz, que rehagan su vida tras el maltrato.

La madre de Olivia y Anna no denunció que Tomás Gimeno (aprendan el nombre de este asesino maltratador) apaleó a su novio y la arrastró a ella. Seguro que no lo hizo por miedo y también porque no le creyó capaz cuando la amenazó con «no las volverás a ver».

Hay que denunciar, si no se atreven ellas, las maltratadas, debe hacerlo su entorno: una madre, una amiga, una hermana o hermano, un cuñado, cualquiera sirve. Cualquiera que se quiera involucrar. Estamos ante individuos realmente peligrosos. Pero hagamos denuncias de verdad, las evidentes, las que todos sabemos que son verdades como puños y que hacemos la vista gorda para no crearnos problemas (por si nos llaman a declarar, por si el maltratador la toma con nosotros, por si, por si, por si). Las mujeres maltratadas necesitan protección, esos individuos son peligrosos potencialmente, un día se les va la cabeza y miren lo que pasa.

Y tengo que reprimir la rabia porque no quiero dejar de mencionar a aquellas mujeres (que también las hay y son una muy pequeña minoría) que presentan denuncias falsas de maltrato psicológico o de acoso, con el único objetivo de alejar a su expareja de su vida y de sus hijos. Conozco un caso, por desgracia, y es una gran mentira que está costando desmontar ante la justicia. Esa mujer deshonra a todas las víctimas verdaderas de maltrato y al infierno que viven cada día. Son, al menos esta mujer lo es, unas frívolas y juegan con fuego. No hay derecho a que se basen en una ley tan importante y sensible para su venganza personal. Confío en que, al final, la justicia le de un buen escarmiento, porque creo en la justicia. Menos mal que sigo creyendo que son casos aislados y dignos de estudio.

Por favor, ayudemos a romper con el maltrato desde la sociedad, desde la educación, desde la escuela, desde la familia. Tenemos la obligación de crear hombres y mujeres en igualdad para que no ocurran hechos tan espeluznantes como estos. Si la sociedad no cambia, por muchas leyes, muchas denuncias y muchas normas de alejamiento que se dicten, me temo que esto no va a cambiar y vamos a seguir lamentando muchas muertes.

DEP Olivia y Anna, mi más sentido pésame para esa madre rota de dolor hoy y para siempre.

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De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

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