Ese infierno que está dejando sin nada a numerosas familias nos tiene anestesiados ante el televisor. Comprendemos bien la magnitud de la catástrofe. Debe ser aterrador perderlo todo de la noche a la mañana, debe ser aterrador estar refugiado y seguir oyendo el rugido del volcán día y noche. Me solidarizo con estas gentes que están sufriendo la tragedia. La naturaleza muestra una vez más que es más fuerte que nosotros. Esperemos que los que tienen en su mano la ayuda que los palmeros necesitan para empezar desde cero no escatimen esfuerzos ni medios para dar soluciones rápidas y completas. No será fácil, hay un largo camino por recorrer.
Hay que felicitar a la comunidad científica por todos sus estudios que han evitado que en la catástrofe tuviéramos que haber lamentado la pérdida de vidas. Hay que darles las gracias.

Y parece que algunos sólo piensan en sus posibilidades turísticas. asco me da.
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