Pasa mucho tiempo desde que perdemos a un ser querido hasta que logramos deshacernos del dolor inmenso que nos invade. Nos pasa a todos, pueden ser meses, incluso años.
Después quedan los recuerdos bonitos y los tristes, lo que echamos de menos de esa persona que ya no está en nuestra vida y somos conscientes de la suerte que tuvimos de haberla tenido durante un tiempo. Recordamos cosas insignificantes y fechas señaladas, todo mezclado. Aprendemos a relativizar lo que un día nos pareció tan grave y pensamos que ahora lo viviríamos de otra manera, aprendemos a echar de menos sus risas, sus miradas, sus abrazos, sus palabras…
No nos queda otro remedio que aprender, porque se fueron un día dejándonos muchos temas pendientes de hablar, muchas preguntas que hacer y otras que contestar y muchas historias que nunca llegaron a revelarse. Nos quedamos sin nada, pasamos de tenerlo todo a no tener nada, en un abrir y cerrar de ojos. Ellos estaban aquí, con nosotros y dejaron de estar.
Me resisto a creer que mi padre no está detrás de mi hombro derecho, como una sombra, marcándome el camino a seguir, empujándome cuando me da miedo continuar, sujetándome cuando debo detenerme y dejando que me apoye en él cuando siento demasiado el cansancio.
Hoy es su no cumpleaños. Pero yo celebro que vive todavía y vivirá en mi corazón, tal como me prometí a mi misma que ocurriría cuando se marchó para siempre. Descanse en paz.

Te acompaño en tu tristeza 😘
Me gustaMe gusta