Aquí me esperaban, como siempre, el calor de los abrazos familiares, la alegría sin disimulos mientras nos estrechábamos sin palabras
Luego, las preguntas de siempre, por los que todavía no han venido a la estación, que son muchos, y si me dará tiempo a ver a todos. Y la pregunta por la persona generosa que siempre está a mi lado y hoy se ha quedado en el sur para que viajara yo.
Las mismas bromas, el mismo ambiente, la cara de felicidad de mamá al día siguiente empezando a reunir hijos en torno a una mesa, con larga sobremesa de anécdotas familiares, que nos hacen reír de verdad.
Y mi mejor amiga, que me acompaña, y no los conocía, pero ha sabido tanto de ellos a través de mí , que es una más en cada reunión.
Y a todos voy observando con ojos especiales, porque sé de sus vidas, de sus luchas, de su día a día…aunque esté siempre a setecientos kilómetros. Y quisiera llevarme grabada cada sonrisa de mi madre, cada mirada de mis hermanos, cada gesto de mis sobrinas…
Madrid me hace muy feliz, mucho. No solo la belleza de sus calles del centro, tantas veces recorridas, sus museos, sus teatros, sus parques, sus calles sembradas ahora de hojas de otoño. Madrid tiene atrapados a los míos y quisiera verlos más tiempo y con más frecuencia porque sin ellos no soy completamente yo.
Pero paso por aquí como un relámpago y no podré ver a todos. Eso me duele. Me duele en el alma, espero que me perdonen porque yo no me sé perdonar. Madrid ya me viene grande.

Ojalá pudiéramos vernos ❤️
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Viaje relámpago. Pero a mi también me encantaría. Algún día…
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