Calor, vacaciones.

Desde hace años, más de veinte, tengo la fortuna de vivir en un lugar de vacaciones.

Cuando llega el calor no siento esa necesidad imperiosa de salir, como cuando vivía en la ciudad, a pasar unos días buscando la brisa del mar y los paseos por la tarde para ver las puestas de sol. Recuerdo que, prácticamente desde que llegaba el buen tiempo soñaba con el mar y nunca pensé que terminaría teniendo el privilegio de vivir aquí.

Es verdad que existen muchos tipos de vacaciones, también me han gustado y me gustan las de conocer mundo, aprender, ver sitios nuevos, monumentos, lugares perdidos y famosos…. pero el mar significaba el descanso, las «vacaciones» y siempre intentábamos escapar a él unos días. Curiosamente, la zona que solíamos frecuentar ha terminado siendo la zona donde vivo, por aquellas felices casualidades de la vida, tal vez se produjo una serendipia. Yo así lo creo.

Ahora las «vacaciones» significan «encuentros». Mi casa se convierte en un lugar de acogida. En primer lugar para mi hija, que creció aquí pero luego se marchó a estudiar a una capital y posteriormente emprendió su camino de ciudad en ciudad, de país en país hasta afincarse definitivamente a mil doscientos kilómetros de aquí. Ella siempre aprovecha parte de sus vacaciones para estar con nosotros. El resto de la familia también viene estos meses de julio y agosto para compartir sus vidas y la casa se convierte en un ir y venir un tanto extraño pero agradable.

El mar es un buen pretexto para visitarnos pero el viento de levante puede dar al traste con las planeadas vacaciones, así que quien viene sabemos que nos quiere de verdad porque, algunas veces, después de haber estado varios días con nosotros, casi ni han pisado la playa por culpa del persistente viento.

Lo que sí podemos ofrecer a todos es una temperatura ideal, muy lejos de esa ola de calor que arrasa casi toda España estos días. Aquí hay un microclima, precisamente gracias al viento de levante y de poniente, y es raro que sobrepasemos los treinta grados. Creo que en estos años sólo lo he visto un par de veces.

En fin, que mis vacaciones de verano son raras porque no me muevo de casa pero salgo de mi rutina porque vienen a vernos nuestros seres más queridos y compartimos mesa, mantel, risas, cartas, películas, paseos y lo que se tercie. Cuando se van la casa se queda muy vacía.

Y mi perro, Milú, tan feliz de ver este jaleo.

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De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

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