En los ochenta tuve la oportunidad de asistir a diversos conciertos. Fue una experiencia única: la proximidad de los artistas, el ambiente, el sonido, el entusiasmo de la gente.
Más recientemente, recuerdo que mi último concierto fue en Sevilla, antes de la pandemia, claro. No recuerdo exactamente, pero creo que fue en 2018: «Bienvenidos» con Victor, Ana, Miguel Ríos y Joan Manuel Serrat. Fue magnífico, tan magnífico como siempre.
Luego llegó la pandemia y llegó el miedo. Ni me planteo un acto multitudinario de esas características. Sólo pensarlo me agobia muchísimo. Pero hoy me han invitado a un pequeño concierto que se celebra en los jardines de un hotel restaurante llamado BANTI, en Tarifa (altamente recomendable). Se trata de un concierto de jazz y la idea me ha resultado tentadora. Disfrutar de esos jardines, aunque haya mucha gente, rodeada de buena música, es una experiencia que me atrae y más porque iría en compañía de los míos y de dos buenas amigas.
En fin, es dentro de dos horas y media, creo que voy a elegir vestuario (jajaja), pintarme la pestaña, echarle valor y disfrutar de eso que llaman presente sin preocuparme tanto por la pandemia. Sabemos que el Covid sigue en todas partes pero no puedo seguir recluida, con mil cuidados y perderme la vida.
Voy a abrir bien los oídos y todos los sentidos para zambullirme en el jazz esta noche «loca».

Querida amiga
Deseo que hayas disfrutado mucho del concierto. La música es alimento para el alma. Tenemos que ir perdiendo el miedo y recuperar nuestras vidas aunque con precauciones. Un abrazo grande.
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Lo disfruté muchísimo. En realidad era un jardín preparado con mesas para cenar mientras veíamos la actuación. Había bastante distania entre las mesas. La música fue como un bálsamo para el alma.
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