Se me averió la lavadora hace unos tres meses. El frontal falló y no llamé al servicio oficial sino a un supuesto técnico de mi localidad.
No me pregunten cómo no me di cuenta antes de que estuviera montado, pero el caso es que me encontré con una lavadora en idioma turco. Lo supe buscando en Google Translator. Tuve que fabricarme un cartón plastificado con el significado de todos los programas y su duración en español para poder entenderme con ella, como lo oyen.
El «técnico», que había pedido la pieza mediante un código de barras, dijo que no entendía cómo se había podido producir el error pero que no podía hacer la devolución porque la pieza no estaba ya precintada. Vamos, que tengo una lavadora turca, pero turca, turca. Y yo de turco, ni pa pa.
Además, mi antigua lavadora era también secadora y eso se ha perdido por el camino (a mi que me lo expliquen). El caso es que, por no discutir, me he quedado con con la dichosa lavadora y entre el cartón plastificado y mi buena voluntad nos las estamos arreglando más o menos.
Ahora tiene otra particularidad: algunas veces no hace el centrifugado y otras se mueve violentamente de su sitio mientras lo hace, se sale de su espacio hasta mitad de la cocina.
No puedo evitar decir que tengo una puta lavadora turca, lo siento. No tengo nada contra los turcos pero sí contra esta lavadora que, sin comerlo ni beberlo, ha llegado a mi poder quién sabe por cuanto tiempo.
Así que cuando pongo el programa (casi siempre el mismo) rezo un par de padrenuestros y procuro quedarme cerca los últimos momentos por si centrifuga de forma violenta para que no se mueva de su sitio.
Pero, algo tenía que tener: lava muy bien.
No crean que no es curioso el tema.

Qué cosas te pasan amiga,los electrodomésticos deberían ser materia de estudio paranormal 😂😂😂😂😂, un abrazo
Me gustaMe gusta
Genial el texto, muy divertido de leer y de imaginar. ¡Suerte con la lavadora!
Me gustaMe gusta