El 27 de marzo ha sido el día del Teatro.
Mi primera vez fue en el Teatro Real de Madrid, ¡nada más y nada menos! Tendría unos quince años y mi clase fue con la profesora de griego a una obra clásica. Jamás olvidaré lo que me impresionó el teatro, los actores, los coros griegos…
Mi afición empezó allí, de la mano de Charo Sánchez, nuestra profesora, que seguía con mucho interés mi «incipiente trayectoria literaria». Me animó a presentarme a un concurso del barrio. «Premio López Vicuña» y todavía conservo esa placa de mármol con la inscripción y una imagen de la Victoria de Samotracia (años después contemplaría con mi marido la escultura en el museo del Louvre en nuestro primer viaje a París).
Pero hablábamos del teatro. En mis años de facultad y, en cuanto tuve unos ingresos, (puesto que trabajaba y estudiaba al mismo tiempo) me aficioné al desaparecido Teatro Eslava, al Teatro Español, etc… y toda obra que representaban en Madrid intentaba no perdérmela. Como buena estudiante de filología, no me perdía a Lorca, pero también fui a Shakespeare y un largo etc…
Inolvidables Adolfo Marsillach, Antonio Gala, la familia Gutierrez Caba y tantos otros: directores., autores, actores. ¡Eso es el teatro! Pero también es la iluminación, los decorados, la música y… tanto lo que hay detrás del telón que es imposible mencionarlo todo.
El teatro es pura magia y así se lo inculqué a mi hija llevándola desde niña a obras infantiles y alternativas.
Animo a todos a que descubran el teatro, que ya hay demasiada televisión.
