Madres

Cuando yo era pequeña, al colegio solía venir un fotógrafo y nos hacía retratos (los míos que conservo están en blanco y negro). Solía reunir en la foto a los hermanos que iban al mismo colegio y luego, a veces, junto a la foto, escribían con letra de imprenta un poema dedicado a las madres, quienes, curiosamente, eran las que pagaban su propio regalo al ver la foto de sus retoños, tan formales, sonrientes a la cámara, con el mapa de España de fondo o el poema. Dejénme recordar, comenzaba:

«La palabra madre es dulzura, es amor, solo cabe pronunciarla con aprecio y devoción. Encierra sacrificio pero la madre lo hace con satisfacción porque encierra muy dentro del alma, el relfejo de Dios, todo amor…»

¡Qué tiempos! La madre unida a la religión, claro. Nuestra madre, como la Madre de Dios, su reflejo. De hecho, el día de la madre se celebraba el 8 de diciembre hasta que los grandes comercios de la época se dieron cuenta de que las ventas de diciembre ya estaban garantizadas con la Navidad y que sería más recomendable pasar el día de la madre, por ejemplo, de manera arbitraria (creo) al primer domingo de mayo. Eso fue en 1969. Mi hermano pequeño vino al mundo como el mejor regalo precisamente ese día, el primer día de la madre de la nueva «era». Siempre ha sido un moderno 🙂

Los regalos de entonces estaban, entre los de mi clase social, hechos de cartulina, macarrones, lentejas y todo tipo de elementos que se les ocurrían a las profesoras del colegio para llevar a nuestras madres algo hecho por nosotros mismos. (Creo que se conserva un poco esa bonita costumbre).

Sin embargo, los regalos a los que aspiramos ahora en estos tiempos de pandemia, los que tenemos cierta edad, son los abrazos y los besos. No veo a mi madre desde hace dos años debido a esta pandemia y no sé cuanto tiempo más tendremos que esperar para vernos y cuanto todavía para darnos un fuerte abrazo (como los de antes).

Mientras tanto, nos conformamos en este extraño día de la madre con felicitarnos por video llamada. Mi hija también me ha felicitado así porque vive también lejos…

¡Cuánto daría por hacer un buen collar de macarrones, volver a tener siete años, leer el poema cursi de la fotografía con mis hermanas y haber podido abrazar hoy a mi madre nada más levantarme!

En días como hoy, ¡qué mal llevo la pandemia!

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De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

4 comments

  1. Querida Adela, cuando te leo en tus recuerdos de niñez, me trasladas a aquel tiempo, a aquel olor de entonces y como no podía ser de otra manera a aquellas sensaciones. Yo también recuerdo esos preciados regalos que hacíamos a nuestras madres. Hoy el regalo me lo has hecho tú con tu relato. Gracias amiga 🌹

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