Raíces

Siempre me han interesado, diría que preocupado, mis raíces. Hasta hace poco no he podido terminar de reconstruir mi árbol genealógico para llegar a mis bisabuelos por ambas partes. He investigado en lo posible a qué se dedicaron, cómo vivieron, qué hechos significativos sucedieron en sus vidas y de qué murieron.

De hecho, descubrí a varios antepasados con muertes tempranas o trágicas: una niña bebé de pocos meses (tía materna), otra tía materna a corta edad también, mi abuelo paterno falleció en las obras del metro de Madrid, mi abuela materna en un parto, un tío de un ataque epiléptico, uno de tuberculosis, un primo suicida… No voy a reseñar todas las tragedias porque son bastantes. La última muerte que reseñé en mi árbol en 2020 fue la de mi tía paterna por Covid. Tal vez para muchos de ustedes sea una de las muertes que no cuenten demasiado pues tenía 91 años de edad, pero su madre, mi abuela, había llegado a los 98 y ella llevaba el mismo camino cuando se cruzó el virus en su vida.

Repasar los hechos de tus antepasados hace que sepas de tus raíces. Las cuñadas de mi abuela paterna eran prestamistas en la posguerra. Gente que no despertaría muchas simpatías ¿verdad?. Mi bisabuela materna tenía el «don» de curar con sus manos y predijo su propia muerte con tres días de antelación (no es leyenda, es real). Por lo visto rezaba cada noche a San Pascual Bailón tres Padrenuestros y, a cambio, el santo avisa con tres golpecitos en la cabecera de tu cama tres días antes de tu fallecimiento. Ahora algún que otro miembro de la familia sigue esa costumbre. Es posible que si se hace con fe se obre el milagro, con la abuela Benita se hizo y ella tuvo tiempo de «hacer sus últimos preparativos para morir en paz». Es tentador no seguir sus pasos.

También resulta curioso ver la repetición de nombres y fechas. Yo nací el mismo día que mi tía pero no me pusieron su nombre, no. Yo tenía otro destino. Mi hermana mayor y mi hija nacieron el mismo mes que mi abuela materna, mi hermana casi el día, y un sin fin de «casualidades» que llevó a que entre mis hermanos, como mi padre era Paco, haya un Paco y una Paqui (a esta última el destino la ha convertido en Isabel fuera de casa, porque se ha querido cambiar el nombre, casualmente como quería mi madre).

No venimos por casualidad a una familia, traemos una carga ancestral. Estoy convencida de que hay que investigar entre nuestros antepasados. Aquellas usureras no debieron hacer mucho bien y las generaciones siguientes lo acusan en temas económicos. A mi padre se le solucionó con una oportuna lotería pero él no era un ejemplo en lo económico. En la rama materna predominó y predomina el ahorro, es como una religión que perseguía mi abuelo. Nos decía que había que ahorrar desde que éramos niños.

Y, para terminar, después de esta investigación genealógica he visto con tristeza que mi apellido paterno Muñoz se pierde con mi generación ya que mis cinco hermanos y yo hemos tenido hijas. Mi padre estará triste pero así es el destino. Por algo será.

Estoy convencida que muchos secretos están guardados y bien guardados entre los nombres y las fechas que he ido anotando a lo largo de estos años y no sólo eso, también creo que mi destino está influido por lo que ellos vivieron antes de que yo fuera un proyecto sobre esta tierra. Por eso sigo observando y preguntando sobre mi árbol. Toda información sobre mis raíces la considero valiosa.

Seas quien seas ahora, nunca deberías olvidar de dónde viniste.

Puntuación: 1 de 5.

Avatar de Adela Muñoz

De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

1 comentario

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar