Otoños y suicidios

Últimamente no leo mucho, no pinto, casi no escribo.

Estos últimos días tan cortos de otoño me encuentro cansada, desmotivada, sin alicientes. La falta de luz me afecta mucho, estoy deseando que pasemos ya al invierno, necesito este cambio, que llegue el solsticio el próximo martes 21, con su día más corto y su noche más larga, para dar paso al crecimiento de esas horas de luz que tanto necesito. Me anima saber que ya casi no queda nada…

He tenido la suerte de hacer un viaje a primeros de diciembre, viaje que me ha dado un poco de energía, de esa que tanto me faltaba. Un viaje familiar, de tertulia de sobremesa, de siestas sin reloj, de desayunos interminables, de cocinar mientras se charla de todo un poco. Ha sido un paréntesis que ha logrado darme el último empujón para lograr pasar la barrera del otoño.

Estos últimos días han sido muy tristes, se ha hablado, creo que por suerte, de un tema de esos de los que nunca se habla porque es tabú, incómodo y triste. El suicidio de una persona famosa ha dado lugar a que los medios se hayan hecho eco, por una vez, del problema de la salud mental, mejor dicho: la falta de salud mental y el suicidio.

¿Qué soledad sentirá un suicida para tomar la decisión de quitarse la vida? ¿Sentirá que su vida no vale la pena para nadie? ¿Que a nadie le importa lo que le pase? ¿Sentirá miedo o cansancio de vivir? ¿Desesperación? ¿No pensará en nada ni nadie de lo que deja atrás?

Tiene que ser terrible tomar una decisión así. Terrible perder a un ser querido de esta manera. Insuperable, diría yo.

El otoño es una estación muy dura para quienes padecen depresiones graves y un momento de debilidad, o días de inestabilidad, pueden llevar a una persona a quitarse la vida. Desgraciadamente, los que están a su lado muchas veces no llegan ni a poderse dar cuenta porque un suicida no avisa, no da señales, no suele pedir ayuda (a veces sí, por suerte).

Quiero empatizar con todos aquellos que se sienten con el nudo en la garganta, ese nudo que no deja respirar, que viven con la ansiedad y el miedo como compañeros. Quiero mandar un mensaje de esperanza a todos aquellos que sufren tanta soledad que piensan que nunca van a poder cambiar sus circunstancias. A los que sienten ganas de llorar por cualquier cosa.

«Todo pasa» Absolutamente todo, lo bueno, pero también lo malo. Nadie está libre de una depresión a lo largo de su vida por eso, si este es su caso, no se quede encerrado entre sus cuatro paredes: salga a la calle, de un paseo, busque ayuda profesional, hable con sus «verdaderos» amigos y cuénteles lo que le pasa. No omita nada. Si tiene que llorar porque está triste, llore. Para eso están los amigos del alma, no para tomar cafés (para eso también). Y oblíguese a una rutina, coma aunque no tenga hambre, levántese de la cama aunque tenga sueño y siga acostado por la noche en su cama aunque no pueda dormir. Rutina, rutina, rutina. Y haga algo que le produzca algún placer, búsquese un hobby: pintar, leer, coser, todo vale.

Poco a poco, muy poco a poco conseguirá CON AYUDA que todo pase y recuperará su vida. NO SE QUITE LA VIDA, piense en todos los que le quieren y tendrían que lamentarlo para siempre.

Cuídense la salud mental, es todavía más importante que la física.

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De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

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