Tengo la suerte de tener unos amigos «vitamina» que han venido a visitarnos. Han hecho setecientos kilómetros el martes y hoy están haciendo otros setecientos para volver a su tierra, la que fue también nuestra más de cuarenta años.
Es un lujo poder contar con los amigos de siempre, los de toda la vida, los que han estado ahí en los buenos y en los malos tiempos. Esta pequeña visita me ha traído muchos recuerdos como no puede ser de otra forma ya que hemos vivido mucho juntos desde mi veintena (cuando yo los conocí) y desde niños (cuando se hicieron amigos de mi marido). Ellos siempre bromean diciendo que ellos son amigos pero nosotras no, no somos amigas, sólo sus parejas. Sin embargo, de las cuatro parejas, tres hemos permanecido juntas desde los ochenta de forma que el roce hizo el cariño y los hechos nos convirtieron en amigas entre nosotras y también de ellos. Siete amigos al que se le unió la pareja definitiva del cuarto amigo unos cuantos años más tarde y que también, a pesar del tiempo que llevábamos recorrido, entró con toda naturalidad en nuestro círculo.
Un círculo de confianza, de cariño, de escucha, de empatía, que ha ido fortaleciéndose a través del tiempo y que no nos ha sacado fuera a mi marido y a mí, a pesar de este «exilio» que dura ya veinte años. Hemos permanecido juntos, como una piña.
Es difícil encontrar amigos para siempre. Tengo la suerte de contar con ellos. Lo sé cuando hablan en broma, cuando hablan en serio, cuando se despiden con «cuídate» y esa mirada que querría permanecer con nosotros muchos más días.
Ellos representan el círculo de mi marido y lo representarán siempre porque son los amigos que hizo cuando era pequeño y ha logrado llegar hasta aquí. Yo, por mi parte, he creado pequeños círculos: algunos viven en Madrid, otros en Tarifa o alrededores, Asturias, Granada y hasta conservo hace cuarenta y tantos años a mis amigos japoneses y una amiga en Londres (muy querida pero de la que últimamente no sé mucho).
Qué sensación tan magnífica es la amistad. Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro y, ciertamente, así es. Así lo he sentido estos días.
Gracias, amigos, por venir.
