Qué felicidad tan tonta me produce este cambio de horario de verano! Por fin ganamos la hora de luz perdida todo el invierno, que cada vez, se me hace más largo.
Yo soy alondra, de las que madruga y mucho pero no me importa en absoluto levantarme de noche y ver como la luz va llegando poco a poco. No me da pereza que sea de noche. Desayuno tranquilamente oyendo mi radio o viendo vídeos en YouTube (un vicio, como otro cualquiera). Hace años, en Madrid, madrugaba también, por obligación, y vivía el atasco en plena noche rumbo al trabajo.
Pero las tardes…ah! Las tardes son otro mundo. El mundo de después de trabajar, después de las obligaciones, de poder hacer mil cosas y es maravilloso que sea a la luz del día.
Cada año sueño con que el horario de verano se vuelva definitivo. Tendré tiempo para leer, pintar, escribir, pasear…todo de día, sin la tristeza de la luz eléctrica y la oscuridad del invierno.
Sé que este horario tiene sus detractores: nunca llueve a gusto de todos. Comprendo a esos padres que tienen que convencer a sus hijos para que se acuesten de día, no soy insensible…y a todos los que prefieren el calor de hogar invernal.
Pero si soy egoísta, perdónenme, este cambio me inyecta pura vida, energía y ganas de vivir. ¡Viva junio y muera noviembre!
P.s. Ya sé que los primeros días de diciembre son los más cortos pero los vivo ya con la esperanza de que ese mes empezarán a alargarse. Noviembre es mi mes triste por naturaleza y yo viviría un junio eterno.

Te lo cambio, para mi los noviembres y para ti la primavera y los veranos
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Venga, trato hecho, jajaja. Yo te hacía de otoño e invierno de todas formas. Yo también lo era antes pero cada vez más necesito la luz del sol para vivir. Un beso,
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