Pienso estos días en los amigos y amigas que, por ley de vida, van quedando huérfanos.
Es extraña la vida, sabemos que un día nos faltarán nuestro padre y nuestra madre. Algunos los pierden con poco tiempo de distancia, sin embargo, no estamos preparados. Nunca estaremos preparados. Algunos lo llevan por dentro y no lo expresan jamás.
Nosotros somos su continuidad. Cuanto más mayores nos hacemos, curiosamente, más nos parecemos a ellos. En lo bueno y en lo malo. Nos descubrimos doblando los calcetines como lo hacía nuestra madre o gruñendo al árbitro del fútbol, como nuestro padre.
Ellos seguirán vivos en nuestro corazón mientras no nos falte el aliento. Vivirán a través de nosotros, como todos nuestros ancestros, pero ellos de forma especial porque nos dieron la vida.
Dejémosles descansar en paz.
