Todavía hay quien niega el cambio climático. Yo recuerdo aquel refrán de «En agosto, frío en rostro» y era cierto, en agosto refrescaba cuando yo era pequeña, ya no era tórrido verano, como ahora que se extiende todavía hasta septiembre.
He estado viendo en televisión un documental sobre el nivel de los embalses a estas alturas del año y las restricciones que ya han sufrido este verano en algunos lugares. España me ha parecido al borde de convertirse en un desierto. Este país que decían los antiguos que una ardilla podía atravesar de árbol en árbol sin tocar el suelo se está convirtiendo en un lugar hostil. Y somos nosotros los culpables, nuestra inconsciencia, nuestra desidia. El creer que la naturaleza es infinita…
Me he puesto triste pensando el futuro que les espera a las siguientes generaciones como no tomemos medidas ya y, aún así, creo que es demasiado tarde.
