He estado tres días sin internet en casa. Claro que podría haber escrito desde el móvil pero es muy incómodo, no como la pantalla, donde veo más claras mis ideas.
Parece mentira, me quedé sin router y como todo va por cable, también sin televisión y sin teléfono fijo. Y así tres días, por lo visto es el plazo máximo que tiene la compañía para arreglar una avería. Vino el técnico (ayer a las cuatro de la tarde, para arreglar también nuestra siesta) y tardó cinco minutos en cambiar el router. ¡Qué avería complicada!
Me siento muy dependiente de internet. Es cierto que cada vez utilizo menos las redes sociales pero vivo a golpe de correo electrónico, consulto Google para todo, soy adicta, vamos… Y gracias que tenía el móvil y me comunicaba por whats’app, que si no, me habría desesperado del todo.
En fin, ya estoy de vuelta. Hoy no muy inspirada pero dispuesta a dar señales de vida, no se me vayan ustedes a otro blog. Procuraré contarles algo interesante la próxima vez.
Esto no ha sido más que una anécdota. Sentí, en el silencio de la casa sin televisión, con el sonido de la radio y los partidos de tenis que veía mi marido por el móvil (no creo que viera la pelota, la verdad) como si hubiéramos retrocedido a los setenta. Hasta estuve escuchando bastante la radio.
Recuperé las imágenes justo a tiempo para no perderme los documentales del fallecimiento de Isabel II, definitivamente un hecho histórico.
