Hace tiempo que debería haber hablado de mi hermano pero nunca encontraré las palabras adecuadas, de eso estoy segura.
Desde que llegó a mi vida, a finales de los sesenta, representó mucho en la familia. Era un bonito bebé, dormía bien y lloraba muy esporádicamente. Mi madre nos lo ponía de ejemplo, cuando viajábamos en coche, porque nunca daba un ruido y aunque fue creciendo nunca preguntaba aquello de «¿cuánto falta? o ¿cuándo llegamos?».
Era tanta mi adoración por él que cuando salía con mi pandilla (nos llevamos diez años) yo me le llevaba conmigo muchas veces. Yo no sé si con eso ligaba más (risas).
No recuerdo si fue un estudiante brillante o se limitaba a cumplir con sus obligaciones porque los diez años que nos separan no me permitieron seguirle la pista especialmente en su adolescencia. Luego, ya trabajando, hizo estudios superiores.
Pero lo más importante es su parte humana. Desprende amabilidad, educación, respeto, comprensión, coherencia, cariño, humor… Tantos calificativos seguramente son porque no soy objetiva, pero no conozco a nadie que no le adore. Para mí es un buen hermano y un buen amigo. Uno de esos que nunca falla.
Tal vez porque piensa como yo en cuanto a que no hay que olvidar nuestros orígenes se ocupa tanto y tan bien de mi madre. No es que sea el único que lo hace pero sí creo que lleva el mayor peso en esos cuidados, con todo respeto al resto de la familia.
Me hizo muy feliz el día que él y su mujer me dieron una sobrina. Ella tiene su sonrisa y espero que haya heredado muchas más cosas de sus padres.
Seguiría hablando de él pero creo que ya está lo más importante. No se me ocurrió mejor homenaje que escribir todo esto.
Mi única queja es la distancia geográfica que nos separa, pero eso son decisiones que se toman en la vida y que difícilmente pueden ser todo lo perfectas que desearía.

Que bonito Adela😍
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Gracias. Tú no te quedas atrás…
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