Recuerdo su dulzura

Me ha dejado mal sabor de boca escribir sobre aquella tarde lamentable con mi padre arrepentido. Cualquiera que lea este blog podría creer que los recuerdos que prevalecen en mi memoria son los de su culpa. Y no, no es así.

Recuerdo sus bromas, su dulzura infinita al cogerme de la mano cuando era pequeña. Tengo muy presente también que tuvo que rendirse porque no pudo enseñarme a nadar por más que lo intentaba. En mi memoria está grabada su cara de emoción el día que aprendí a dividir y todavía puedo ver el broche de hojalata dorado con piedrecitas verdes que me regaló «por lo lista que era», -por aprender a dividir-. Perdóname, papá, pero ahora ya no sé dividir. Hago todas las cuentas con la calculadora.

Tampoco se me olvida como me gustaba mirar como se afeitaba los domingos de invierno y su gesto de agradecimiento cuando le traía el periódico AS y una peseta de caramelos SACI para su garganta castigada por el tabaco.

Estoy viendo su cara el día que le di mi tarjeta de visita con aquel cargo absurdo de jefe de departamento de la multinacional donde trabajaba, pude sentir su orgullo. Y tengo grabado su gesto guardando el bolígrafo VIP con publicidad de mi oficina como si fuera el mayor tesoro que había recibido.

Mi vida está llena de «papá, esto», «papá, lo otro» porque me gustaba contarle todo y él sabía escuchar. Me dio por acompañarle a pescar los últimos años que vivía en casa y pasamos mucho frío en Peralejos de las Truchas pero casi no pescábamos nada, sólo hablábamos. Bueno, hablaba yo, tal vez rondaba los quince o los dieciséis y era una charlatana. A veces me decía que espantaba a los peces y que callase un rato. Los dos nos reíamos.

Y siempre me llamaba, nos llamaba, «mi vida» que le salía del alma cuando lo pronunciaba.

Yo quería profundamente a mi padre y aun le quiero. Desde donde esté, él lo sabe y me protege, vigila mis pasos para que no me tropiece mucho y me acompaña en muchos momentos de soledad. Por eso nunca he dejado de hablar con él en voz baja.

Puntuación: 1 de 5.
Avatar de Adela Muñoz

De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

3 comments

  1. Es maravilloso Adela, este recuerdo amoroso de tu padre, de su orgullo por tus logros y del tiempo que dedicaba a escucharte. Yo te leo con la envidia silenciosa en la que envolví aquellos años. Ojalá hubiera tenido un padre ausente que me hubiese querido tanto y me hubiese abrazado sin interés.
    Enhorabuena amiga.

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