Cotillas

A estas alturas de la vida hay muchas cosas que han dejado de importarme. Sobre todo ha dejado de importarme la opinión de la gente, esa que siempre está pendiente de uno, que por alguna extraña razón incomprensible te dicen cosas como si has engordado o adelgazado, o cuánto ganas o si tienes asistenta. Tienen su gracia esas gentes. Creo que se han llamado «cotillas» de toda la vida. Antes me preocupaba que me asaltaran en el momento más inesperado, ahora ya ni me inmuto. He descubierto una frase comodín: «¿para qué lo quieres saber?» Es pronunciar esa frase y se quedan paralizadas. Diría que avergonzadas de su pregunta y se ven en la obligación de deshacerse en disculpas por haber preguntado. Prueben, prueben. Es infalible.

Desgraciadamente, nadie está a salvo de cotillas, sea cual sea el ámbito en el que se mueva: laboral, vecinal, gimnasio, hasta en el supermercado si vives en un pueblo pequeño, como me pasa a mí. En los pueblos están más concentradas este tipo de personas porque están más aburridas, pero no crean que esta especie es inexistente en las grandes ciudades. A los cotillas nunca les falta tiempo para observar a los demás y que se despierte su curiosidad. ¡Dios nos pille confesados!

Les contaré que tengo un vecino que se atrevió, con todo su descaro a invitarse a un café en mi casa para ver mi cocina porque «quería ver la reforma que habíamos hecho». Eso fue hace veinte años y mi marido, ingenuamente, accedió a su auto invitación para cotillear bien nuestra cocina. Vive en el bloque de enfrente y estoy convencida de que, previamente, nos había estado espiando con algún catalejo o similar. Desde entonces, cuando él viene los fines de semana (porque su casa es de fines de semana, afortunadamente) no descorro las cortinas. Una pena, sí, pero no me quitan casi luz y, en cambio, conservo la intimidad.

El otro día me enteré de que vende su piso. ¡Por fin! Veremos si no me toca en suerte otro cotilla y puedo descorrer las cortinas el fin de semana.

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De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

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