Los concursos

Uno de los recursos a los que acudimos los escritores de vez en cuando es a los concursos literarios. Se publican y uno se los encuentra con mucha facilidad en internet. Suelen ser tentadores pues van acompañados muchas veces de jugosos premios económicos, y, lo que es más tentador, la publicación de la obra premiada y la de los finalistas.

Muchos van haciendo curriculum a través de este sistema y hacen de esta labor de presentarse a los concursos casi una especialización. Estudian las obras anteriormente premiadas para ver qué temas suelen ser los más frecuentes, trabajo de documentación, en fin.

Este año he caído en la tortura de presentarme a alguno y, una vez enviado el texto «perfecto», lo crean o no, me he olvidado hasta de la fecha del fallo del jurado, el método por el que debo averiguar si estoy premiada (ahora todo se sabe por Instagram o por páginas web). Vamos, que bien pudiera ser que haya ganado algo y ni lo sepa, pero lo dudo.

Dudo, en primer lugar, porque se presenta muchísima gente. Gente que escribe con calidad. También habrá algún despistado que lo hará peor. Se presenta gente con temas originales, con principios y finales redondos. Hay mucha competencia.

Pero el escritor vive una vida solitaria frente a la pantalla del ordenador y, de vez en cuando, es muy bonito recibir la noticia de que has ganado algo. Es un subidón de autoestima, es gratificarte ver que escribes no solo para ti, que también ha gustado a un grupo de «expertos». Es una inyección de moral para seguir en este camino.

En mi adolescencia gané un par de concursos literarios pero en mi vida adulta nunca lo intenté hasta el año 2008 en que quedé finalista en un certamen internacional titulado «Relatos de familia» y no me había vuelto a presentar a nada, pero este año lo he vuelto a intentar. En 2008 mi premio fue participar en una antología con los relatos ganadores y me siento orgullosa pues era un concurso organizado en Reus (Tarragona) y se podía escribir indistintamente en catalán o castellano. Mi relato fue uno de los muy pocos seleccionados en castellano y, además, el concurso era a nivel internacional.

Aquí me tienen ahora, creo que hasta octubre no sabré nada de mis convocatorias «a examen», pero tengo la satisfacción del trabajo bien hecho, bien planificado, bien pensado…y pocas esperanzas de ganar algo, la verdad. Ha sido una iniciativa porque mi grupo de escritoras «Las Perseguidoras de Metáforas» nos motivamos unas a otras y algunas nos hemos presentado. Ha sido una experiencia bonita poder compartir esa emoción con ellas. He dejado pendiente uno de los concursos, cuyo plazo acaba el 31 de agosto pero este verano ha sido muy intenso en lo familiar y no he podido preparar algo de nivel. Me ha dado pena porque el concurso es en homenaje a Gloria Fuertes con quien simpatizo enormemente.

Como nunca se sabe cuando y cómo acabarán estos concursos, si hay algo nuevo, se lo contaré en el blog. Serán los primeros en saberlo (después de mi familia, claro).

Deséenme suerte que, en esta ocasión, no está de más.

Puntuación: 1 de 5.
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De Adela Muñoz

Me gusta abril pero no soporto noviembre. Adoro a mi perro pero algunos me dan miedo y creo que es por sus dueños. Lo más importante es perseguir tus sueños pero sin perder de vista la realidad. Cuando elijo un amigo es para siempre. Cuando elegí a mi amor también fue para siempre. Lo más importante que he hecho en la vida ha sido dar vida.

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